Trastornos de la visión que se pueden detectar en el aula

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Ofelia Garrido, óptico y optometrista del equipo de Adrián Salgado realizó este artículo publicado en abril de 2015 en la revista educativa EducLugo, acerca de la importancia de los trastornos de la visión en niños. Puedes leerlo en EducLugo o bien en esta misma página.

La mayor parte de los chicos que fracasan en edades avanzadas, unos años antes con gran probabilidad, recibieron informes de sus profesores del tipo: “Necesita mejorar”, “Está en 2º y no entiende lo que lee”, “No atiende, no para sentado”, o “La lectura es lenta o silábica”.

Muchos de estos casos se hubieran podido evitar, detectando y tratando problemas que son tan frecuentes como desconocidos, como son las alteraciones neurofuncionales, que ocupan un lugar importante en los problemas de aprendizaje. Cuando el problema no es grave y el niño posee un cerebro que tiende al orden, algunas veces resuelve la situación con la experiencia, pero en muchos casos van pasando de curso con un déficit funcional y de aprendizaje que será acumulativo con los años. Tenemos tendencia a descalificar al niño prematuramente y aplicar tratamientos sintomáticos, como los que hacen repetir mil veces aquello en lo que falla. La repetición genera cansancio, desmotivación y aumenta el bloqueo. Y en el mejor de los casos, resuelve el síntoma pero no la causa.

La maduración infantil, se compone de múltiples aspectos: emocionales, metodológicos, pedagógicos, cognitivos o psicosociales. Por tanto la relación interdisciplinar ayudará a solucionar los posibles problemas que surjan en el desarrollo del niño. Oftalmólogos, Pedagogos, Educadores y Optometristas trabajan diferentes áreas pero todas ellas, íntimamente relacionadas.

El 75% de la información que recibe el niño en el colegio, está relacionado con actividades visuales, lo que hace imprescindible, un sistema visual que funcione en óptimas condiciones para recibir la información de forma nítida, cómoda y eficaz,a cualquier distancia y durante largos períodos de tiempo. Por ello, el profesor o educador es el primero que en muchas ocasiones puede detectar síntomas y signos de alerta.

Alguno de estos signos son: enrojecimiento, lagrimeo, desvío de uno de los ojos, mover en exceso la cabeza para acompañar en la lectura, necesidad de usar el dedo como guía al leer, o pegarse en exceso a la mesa.

Además el profesor puede detectar deficiencias en el procesamiento de la información visual, si el niño confunde palabras de cierto parecido gráfico, mala caligrafía para la edad o si tiene dificultad con la comprensión lectora.

Puede ocurrir que sea el niño el que nos refiere síntomas como dolor de cabeza, visión borrosa o cansancio después de realizar tareas en visión próxima.
Insistimos en que ante cualquier sospecha, debe realizarse una exploración visual completa para una correcta evaluación y no esperar que la situación se resuelva sóla. En muchos casos la solución pasará por un tratamiento que ataque la causa, y esa es la terapia visual.

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